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  Elicura Chihuailaf
 

 
ELICURA CHIHUAILAF: El Azul en la poesía

 


Piedra transparente que reluce en la neblina extendida sobre un lago; tigre-pluma que atrapa su única presa posible: La poesía. Tal es Elicura Chihuailaf Nahuelpan: Poeta de la Tierra, que se viste de azul para entrar en los espíritus del paisaje humano que canta, ancestral, proyectándose por sobre la propia cima de sus versos.
        Nacido en Quechurewe (a 75 kms. al Este de Temuco). Cursó estudios de Biología en la Universidad de Concepción, los que fueron interrumpidos por la inclemencia de la historia, para después egresar (y graduarse) de Obstetricia, pero queda, definitivamente, titulado de poeta.
A la fecha ha publicado: El invierno y su imagen, 1977 (mimeo); En el país de la memoria, 1988; El invierno, su imagen y otros poemas Azules, 1991 (compendio que contiene parte de El invierno y su imagen y parte de A orillas de un sueño azul). En 1994 le fue otorgada la Beca Fundación Andes para escribir De sueños Azules y Contrasueños, que recibió el Premio Mejores Obras Liteararias 1994, mención poesía inédita, otorgado por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura.
         Ha sido invitado a leer su poesía en Holanda, Italia, Suecia, Francia y México. En 1994, viajó a Cuba como jurado del Premio Casa de las Américas (en la categoría Literaturas Indígenas). Actualmente es director de la revista de Arte Mapuche (bilingüe) Kallfvpllv/Espíritu Azul. Algunos de sus poemas han sido traducidos y publicados en italiano, alemán, francés, holandés, inglés, sueco, croata y húngaro.
 
       -El asumir el hecho de ser poeta ¿es una prolongación de la naturaleza poética de tu pueblo o, tal vez, es el mapuche aucan (rebelde) que esgrime la poesía para hacerle frente al devenir de la historia?
       -No sé si lo primero, pero no lo segundo, al menos como un hecho conciente. Creo que es algo mucho más ¿simple? Intentaré responderte con una mínima claridad.
       En Italia, gracias a una invitación del grupo Lo Spartivento de Bolonia- encabezado por el poeta Gabriele Milli-, pude conocer buena parte del territorio de ese hermoso país, y pude comprobar que en la actualidad se sigue cantando y escribiendo mucha poesía; en Holanda hay muy buenos poetas, sobre todo algunos de origen rural como Bert Schierbeek; también hay muchos chilenos que escriben y cantan su poesía. La poesía de mis antepasados era cantada, modalidad que se sigue utilizando hasta hoy en convivencia con la "experimentación" de la escritura. Con esto te quiero decir- y no es, desde luego, nada nuevo- que la poesía es inherente a la humanidad, lo mejor de su naturaleza. La que sí es cierto es que mi gente -sobre todo en el campo- sigue haciendo uso de un lenguaje poético en lo cotidiano y en la solemnidad de sus rituales, cuestión que se ha perdido en los pueblos que se han sumido en la fría competencia y en la burocracia de los aparatajes tecnológicos.
       La conocida rebeldía de mi gente surge del atropello que significó la invasión. Con mi padre pensamos que tal vez nuestros antepasados en medio del combate gritaban ¡awka! ¡awkan! de allí que tal vez los "conquistadores" dijeran: son aukan, pluralizando luego en "aucanos" para terminar castellanizando en "araucanos". Luego viene la ocupación militar de nuestro territorio a finales del siglo pasado, con ella los asesinatos, las desapariciones, la tortura, la usurpación de nuestras tierras, el establecimiento de la "reducciones". Pero seguimos librando pequeñas batallas. Así podríamos hoy decir que nuestra gente es mapuche y araucana: Gente de la tierra y rebeldes.
       Poco han cambiado las cosas, aún a finales del siglo veinte. Contra todo cálculo de los estrategas del Estado chileno -empeñados en blanquear el país, del que primero nos obligaron "administrativamente", a formar parte-, el pueblo mapuche sigue existiendo, y recreando su cultura que ya no puede ser mitificada, ni ocultada. Yo pertenezco a ese pueblo: soy mapuche, también mi mujer y mis hijas. El que -al igual que otras hermanas y otros hermanos- me asuma como poeta y como mapuche es quizás un hecho que la historia esgrimirá para la poesía de nuestras futuras generaciones.
 
       -¿La poesía constituye entonces una posibilidad en el rescate, defensa y dignificación de tu pueblo?
       -La poesía para mí -y te repito casi textualmente lo que respondí en una entrevista al escritor Juan Pablo Ampuero (revista "Círculo Azul" de Temuco)- es una manera de ver la vida y también de vivirla. Es una sola cosa, Siempre digo que ella es una necesidad, una parte de mi ciclo vital, que me ha llevado hasta lo que hoy he podido alcanzar. No porque me lo haya definido como meta, sino que simplemente como un respirar natural (como amar, comer, beber), un mundo -en apariencia- casi imperceptible, al punto que a veces no nos damos cuenta que está con nosotros. Pero es un acontecer cotidiano movido siempre por la memoria de mis antepasados, mi gente, la familia, los amigos, el mundo que me rodea.
       Por las noches oí los cantos, cuentos y adivinanzas a orillas del fogón, respirando el aroma del pan horneado por mi abuela, mi madre, o la tía María, mientras mi padre y mi abuelo -lonko de la comunidad- observaban con atención y respeto. Hablo de la memoria de mi niñez y no de una sociedad idílica. Allí, me parece, aprendí lo que era la poesía. Las grandezas de la vida cotidiana, pero sobre todo sus detalles, el destello del fuego, de los ojos, de las manos. Sentado en las rodillas de mi abuela oí las primeras historias de árboles y piedras que dialogan entre sí, con los animales y con la gente. Nada más, me decía, hay que aprender a interpretar sus signos y a percibir sus sonidos que suelen esconderse en el viento. Tal como mi madre ahora, ella era silenciosa y tenía una paciencia a toda prueba. Solía verla caminar de un lugar a otro haciendo girar el huso, retorciendo la blancura de la lana. Hilos que en el telar de las noches se iban convirtiendo en hermosos tejidos. Como mis hermanos y mis hermanas -más de una vez- intenté aprender ese arte, sin éxito. Pero guardé en mi memoria el contenido de los dibujos que hablaban de la creación y resurgimiento del mundo mapuche, de fuerzas protectoras, de volcanes, de flores y aves. También con mi abuelo compartimos muchas noches a la intemperie. Largos silencios, largos relatos que nos hablaban del origen de la gente nuestra, el primer espíritu mapuche arrojado desde el Azul. De las almas que colgaban en el infinito, como estrellas. Nos enseñaba los caminos del cielo, sus ríos, sus señales. Digo, en "Sueño Azul".
       Comencé a escribir sin ninguna conciencia de lo que pudiera implicar la escritura, en el sentido de escribir un libro, o de acceder a ciertos espacios de conocimiento público de mis textos, de menos o más notoriedad, sino con la convicción de que yo necesitaba escribir y que debía hacerlo cada vez mejor, como un desarrollo, una lucha conmigo mismo por un respirar mejor, un aprender a amar cada vez con más profundidad, a percibir los colores y aromas con mayor intensidad.
       Finalmente, sin ser un "incontaminado buen salvaje", sino un ser humano en permanente recreación por readecuar -y así recuperar- su propia armonía, a través de la apropiación de elementos culturales ajenos -de acuerdo al ejemplo, a la enseñanza de Leftraru-, uno escribe desde la mirada de la cultura a la que pertenece, no hay otra posibilidad. Y de allí todas las posibilidades que eso implique.
 
       -En los programas educacionales se incluye el estudio de la historia de Chile y universal, pero poco se considera lo referente a la cultura mapuche ¿a qué atribuyes este "descuido"?
       -Traigo nuevamente a la memoria algo que he citado en otras oportunidades. Se trata de la presentación del Estado chileno en 1915: "Los indígenas de Chile eran pues escasos, salvo en la región sur del valle longitudinal, esto es, en lo que después se llamó Araucanía. Por otra parte, las condiciones del clima muy favorables al desarrollo y prosperidad de la raza blanca, hizo innecesaria la importación de negros durante el período colonial... A estas circunstancias debe Chile su admirable homogeneidad bajo el aspecto de la raza. La blanca o caucásica predomina casi en absoluto, y sólo el antropólogo de profesión puede discernir los vestigios de la sangre aborigen, en las más bajas capas del pueblo".
       Chile, especialmente su oligarquía, sólo se "identifica" (es sabido) -en el extranjero- con el araucano mítico, pero en ningún caso con el mapuche, a quien por sus luchas por reivindicar sus territorios, su idioma, su cultura, su autonomía -el desarrollo de su historia actual ­ve como a un "subversivo". Si no olvidamos cómo se va agravando la situación en nuestra zona pewenche o lo que está sucediendo en Chiapas, o los ataques aéreos a poblaciones civiles shuar en el conflicto peruano­-ecuatoriano, por ejemplo, podemos comprobar -una y otra vez- que Chile, como casi todos los países de este continente, está aún lejos de aceptar -de manera real y profunda la diversidad cultural y su propia morenidad. Hay prácticamente un total desentendimiento de lo positivo, del gran enriquecimiento que eso significaría. Sumidos en el triunfalismo, en el egoísmo, la vanidad del libre mercado, se siguen cerrando las puertas al diálogo, la posibilidad del verdadero crecimiento. Ello implicaría -entre otras muchas cosas- un cambio en el enfoque de la historia chilena, que ya no podría hablar, por ejemplo de "Pacificación de la Araucanía". Y no es la manifestación de un imposible, es nada más la manifestación de una esperanza, de un camino posible -aunque lejano- en la medida de la sensibilización de un importante sector de la sociedad chilena, del pueblo chileno ¿Pero hay otra historia que se contraponga a la oficialista ya conocida? Recordemos que hasta la historia del movimiento obrero chileno permanece en el desconocimiento de los estudiantes.
       Por eso, también los mapuches tenemos una tarea fundamental que realizar: La escritura de la historia de nuestro pueblo, por nosotros mismos. Es algo fundamental, ineludible, a la que -tengo la impresión- aún no se ha dado inicio. Estamos todavía entre la oralidad y la escritura, es cierto; pero también es cierto que, la historia se va cons tituyendo en el pilar fundamental de reafirmación de nuestra "identidad".
 
       -¿El racismo se ha constituido en un muro infranqueable para el desarrollo y proyección de la poesía y de los poetas mapuches?
       -Chile es, ya lo dije, un país tremendamente racista. No hay duda. Manifiesta su racismo solapado contra todos los grupos "minoritarios", especialmente contra nuestra nación que fue transformada en grupo minoritario por el Estado chileno.
Aquí ha habido un encubrimiento, un ocultamiento, de nuestras culturas por el hegemonismo de la cultura dominante. Pero nuestro interés, me parece, no ha sido salvar muros para proyectamos hacia el mundo chileno como la expresión parcelada de nuestra cultura, sino de permanecer en la recreación de su totalidad, y de dialogar -hasta donde sea posible- desde esa posición con la cultura chilena y con otras también. Creo que nunca hemos pensado que la nuestra sea "la" cultura que reencatará al mundo, como lo ha señalado alguien -como otra forma de racismo­ sino una más (al mundo lo reencantan todas las culturas o ninguna). Nosotros sí reclamamos y luchamos para seguir viviendo en ella. Su memoria es nuestra escritura, que de otro modo no existiría. Es su visión del mundo la que deseamos dejar corno herencia a nuestros hijos, así como nosotros la recibimos de nuestros mayores.
       El racismo no puede silenciar los cantos de nuestra gente, a orillas del fogón, hablando del origen de nuestros antepasados, del primer espíritu mapuche arrojado desde el azul. El racismo, sumado a otras circunstancias como el colonialismo por ejemplo, sí influye de alguna manera en la puesta en movimiento del denominado "mito" de Trentren y Kaikai: La pelea cotidiana en cada uno de nosotros- de Trentren (la serpiente que salva a nuestra gente) y de Kaikai (la serpiente que nos pierde). Digo: dormido va el mar en nosotros, y despierta la montaña. Por eso el racismo no puede acallar el silencio cordialmente vociferante de la escritura de nuestras hermanas y hermanos en la ciudad o en el campo; porque, como alguien dijo, "la poesía es una salva por el porvenir".
 
       -A propósito: Aparte de iniciativas como la revista bilingüe Kallfvpvllv/Espíritu Azul, ¿existen otras tribunas para la difusión de los poetas mapuches, en su lengua considerando además el inconveniente de que todavía no se establece una escritura definitiva del mapuzungun?
       -Primero, quiero mencionar dos pequeños diarios que existieron en la década del 30 y que destinaron importantes espacios para difundir la poesía nuestra: La voz de Arauco (en Temuco), dirigido -en sus inicios- por mi padre, Carlos Chihuailaf Railef, entonces presidente de la organización de estudiantes "Newentuaiñ/ Hagamos fuerza"; y Heraldo y Frente Araucano (en Santiago) dirigido por Carlos Huaiquiñir Rain.
       El que estemos en la estación de la oralitura, con el preocupante inconveniente de que aún no haya una escritura definitiva para nuestro idioma no es de todos modos inconveniente para que sigamos difundiendo nuestra literatura. Está también la revista Mapu Ñuke (Madre Tierra). Y, seguramente coincidiendo con el inicio del calendario mapuche, comenzaremos la edición de una revista de carácter cultural, con algo más de pretensión desde el punto de vista del formato y de la distribución; no le hemos dado un nombre todavía, pero bien podría ser la continuidad de Kallfvpvllv. Claro, entre otros temas, contendrá un espacio de política -como cuestión específica; como recordatorio-, (además) de que la política es una parte de la cultura y no al revés, pues ello creo ha venido obnuvilando el espíritu de los que la ejercen y que ya no saben desde qué mundo hablan y, por lo tanto, ya no ven con claridad el mundo que desean. La polvareda de las disputas pequeñas y múltiples ha venido cubriendo las flores del lenguaje, las flores del entendimiento, y ya apenas sospechamos su maravilloso colorido.
 
       -Como lo señaló la periodista y escritora Faride Zerán, tú fuiste la cabeza visible de un acontecimiento cultural inédito en la historia de este país, como lo fue la reunión entre escritores mapuches y chilenos en Temuco: Z.ugutrawvn/Reunión en la palabra ¿Cuál o cuáles fueron los objetivos del encuentro?
       -El objetivo era reunirse para dar el primer paso en el encontrarse. Todo lo que sucediera a partir de ese momento, por mínimo que fuera, era mucho más de lo que podríamos esperar. Por eso yo dije entonces que, en el camino hacia la autonomía, entre el vuelo de un falso cóndor y el lento moverse de la modesta oruga, es preferible el movimiento de las orugas. Cada una de ellas moverá una hoja y otra y otra, se producirá un murmullo inicial de colorido entusiasmo; pronto el bosque entero se va a mover, y luego va a levantarse, levantando así la imaginación, la esperanza y la acción de todo un pueblo.
       La Zugutrawvn significó que los escritores chilenos asumieron su condición de conciencia de su pueblo, desdiciendo a los legisladores del Parlamento que en la más reciente Ley Indígena desconocieron -una vez más- la condición de pueblo de nosotros los mapuche; la mayoría de esos legisladores que negaron la realidad que somos un pueblo que tiene una cultura propia, una propia perspectiva de ver el mundo y, por tanto, un idioma, un modo de ser, que es distinto al del chileno. Los escritores chilenos evidenciaron así su coincidencia, su propia crítica al sistema cultural del Estado chileno, y -reunidos, en condiciones de igualdad, con nosotros- nos dijeron que son abiertamente solidarios con la crítica nuestra (por decirlo en forma cordial).
       Porque creo en la fuerza de la Palabra es que reitero la necesidad de renovar el uso del lenguaje -de la conversación-, de recordar las connotaciones de algunas palabras. Por ejemplo: Winka, extranjero, usurpador, ladrón. Desde luego, los winka no pueden ser nuestros amigos. Kamollfuñche, gente de otra sangre, gente no mapuche; pueden ser amigos nuestros (entre ellos están los escritores que validaron la convocatoria de la Zugutrawvn, con su presencia o con su espíritu, encabezados por Jaime Valdivieso).
 
       -Por último, sabemos que tu acción ha sido contribución fundamental para la creación y desarrollo de un grupo de pintores, que has escrito las presentaciones de las exposiciones de todos ellos, y que hoy continúas relacionado con dicho movimiento. Háblanos de eso.
       -Siempre me interesó el color. El paisaje de mi niñez. El Azul de nuestro origen, de la vida y la muerte; el blanco de la luz de la luna y el amarillo del sol. El negro de la lluvia y de la noche; el verde de los bosques; el color café de la Tierra a la que pertenecemos y que nos ha dado su morenidad.
       Como encargado de cultura de una ONG mapuche, en la que nos propusimos preocupamos por la realidad de nuestra gente urbana, conocí algunos jóvenes que se juntaron para realizar un mural, el que finalmente se concretó. Dos de ellos persistieron posteriormente y vinieron nuevos murales en la vía pública, en escuelas y liceos. Se hizo una muestra colectiva de fotografía, primero en la calle y luego en algunas salas. Posteriormente se sucedieron otras exposiciones de pintura, fotografía y textil. Se realizó también una exposición colectiva, conjuntamente con pintores samer, en Suecia.
       Como recreación de la totalidad que implica la manifestación del quehacer artístico entre nosotros, cada actividad fue acompañada siempre de comida y bebida, poesía y música; baile y teatro en algunas ocasiones. Esto se dio así en el contexto de la Zugutrawvn. En esa oportunidad se hizo también un mural y hubo una muestra plástica colectiva. Después los pintores estuvieron presentes también en el "Salón Azul" de la biblioteca Nacional, en Santiago, donde se realizó la segunda versión de la Reunión en la Palabra. Existe, en el corazón de cada uno de los que estamos involucrados en esto, un Colectivo de Creadores Mapuche que ojalá podamos concretar de hecho, pues es la única forma posible para seguir adelante con la esperanza de que siga creciendo sin grandes contratiempos. Debemos reanimar en la ciudad la manera de trabajo colectivo que nos legaron nuestros mayores. Más allá de nuestras contradicciones citadinas, debemos levantar nuestro Espíritu Azul.
 
"La luna de los frutos abundanies" (Temuco), nos entrega la simiente Azul de Elicura Chihuailaf, para que florezca en una convivencia armónica entre los pueblos mapuche y chileno. A pesar de los siglos oscurecidos y ensangrentados por el Winka, algunos sensibles Kamollfuñche, también han propiciado instancias para vivir bajo un mismo sol hermanados en la verde fragancia de la poesía.
        Elicura Chihuialaf, es la voz poética que emerge con un cargamento de sueños azules y con la savia de la humanidad navegando en sus versos, para cantarle a la vida, al hombre y su destino.
Ojalá la Tierra se poblara de tigres-pumas (Chihuailaf) tan humanos y poetas como este mapuche Azul, que esgrime la luz de la hermandad para señalarnos los caminos de la justicia y del amor.
 
  
 


* Publicada en Revista Literaria Rayentru Nº8 marzo-abril de 1995


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