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  Pedro Yáñez: El arte...
 


PEDRO YÁÑEZ: El arte del cancionero

 
 


Desde campanario viene repicando por el país, este gran hacedor de canciones, cuartetas y décimas: Pedro Yáñez, hombre de risa franca que disfruta y vive con alegría su oficio de artista. Estudioso y cultor de las Artes Populares (música, narrativa y poesía), autor y compositor, payador, poeta popular, narrador de chascarros y cuentos de de tradición oral. A la fecha ha grabado cuatro casetes: "El canto del hombre" (1976), "Encuentro de payadores" (1981), "Las palabras dormidas" (1986), "4 payadores Chilenos" (1990) Y se encuentra trabajando en una nueva producción discográfica.
       Pedro Yáñez, ha realizado recitales y presentaciones en casi todas las ciudades de Chile, incluyendo Tierra del Fuego. Importantes Universidades han disfrutado de sus amenas charlas y exposiciones, a través de seminarios y conferencias.
 
       -¿De dónde te nace, o de adónde viene, este interés por cultivar la paya y el canto popular?
       -No sé precisar de dónde me viene. Cuando tuve la necesidad de cantar, de aprender guitarra y de cultivar en la memoria poesía, cuentos y cantares, yo tenía 16 años. Fue un impulso muy fuerte, profundo Tocaba guitarra hasta nueve horas algunos días. Me gustaba tanto el sonido de las cuerdas y sentir con ese sonido un tremendo desahogo en el alma y un contacto con la tierra, los caminos, los árboles, con el paisaje que conocí de niño, pues yo nací en Campanario, en la Provincia de Ñuble. La paya la descubrí al desarrollarme en todos los ámbitos de la creatividad.
 
       -Tus estudios de etno-musicología ¿han contribuido, de alguna manera, en tu arte?
       -Sí, me permitió entender la correspondencia que hay entre un pueblo con su propia música, también me entregó elementos para profundizar la investigación folclórica y descubrir que los valores humanos están siempre reflejados en las artes y en las tradiciones. Además la etno-musicología me permitió desarrollar mi propia espontaneidad para crear, interpretar o para improvisar poesía, dejando que fluya el lenguaje de mi mundo interior.
       En el misterio de componer música, a veces, se mete el intelecto y uno cae en la tentación de calcular con el cerebro cómo tendría que ser la música, las notas. Al estudiar etno-musicología y al conocer cómo la música naturalmente brota de los pueblos, entonces uno aprende también a facilitar el instante en que la creación musical aparece con más espontaneidad.
 
       -¿En la actualidad, ¿se inserta de alguna manera la poesía popular en nuestro medio literario-musical?
       -En la actualidad se sabe que gravita poco el quehacer de la poesía popular, sin embargo considero que es un patrimonio muy rico y que tiene mucha fuerza y que va ganando espacio y prestigio en la medida en que los poetas y payadores estamos desarrollando nuestra creatividad y nuestra actitud en la entrega, en publicaciones, grabaciones, escenarios. Ahora en lo que se refiere a nuestro medio literario-musical, pienso que en eso estamos todos juntos, los populares y los doctos. Estamos de algún modo por recuperar el lugar que nos corresponde en la sociedad para que nuestro trabajo sea bien aprovechado por toda la gente, en beneficio del desarrollo patrimonial del arte y la identidad cultural.
 
       -Los que te conocemos más de cerca sabemos que eres un excelente ejecutante del Rabel, el Guitarrón (25 cuerdas) y especialmente de la Guitarra ¿por qué Pedro Yáñez no ha mostrado más esa faceta artística?
       -Como instrumentista he mostrado lo poco que hago, ya que no existen escenarios donde un solista instrumental pueda expresar su arte y vivir de su trabajo.
       Es una gran desinteligencia que a veces se invierte dinero en formar buenos músicos, y luego, con el diploma en la mano, se le cierran todas las puertas. Algunos se van fuera del país y otros se dedican a enseñar, sin saber que tal vez puedan estar sembrando desesperanza entre negra y corchea. Hay que ser un Quijote de la Mancha para ir tratando de abrir horizontes en el mundo de la ejecución instrumental de la música.
 
       -¿Qué diferencia establecerías entre cantante y cantor?
       -Para mí los cantantes son los que buscan el éxito formal con un show que responda a los requerimientos del libre mercado de la moda, y les va bien mientras el empresario no decida bajarlos para subir a otros. Por el contrario, el cantor no puede ser reemplazado, pues se ha definido en su vocación de vida para trabajar en el arte del cancionero, sea interpretando, creando o investigando. A los que se les reconoce como cantores, se les llama también cantautores o trovadores.
 
       -En este mundo moderno, del mercado de la oferta y la demanda; del marketing ¿existe espacio para el arte?
       -Es verdad que el mercado domina el 99% de todos los espacios e impone el criterio de lo que se vende vale y lo que no se vende no existe. Yo pienso que el ser humano es mucho más importante, como ser humano, que los números y las cifras que el mismo inventa y que pretende manejar, y después se ve, que por el contrario, los números lo están manejando a él. Aquí en Chile se han abierto paso los mega eventos y los empresarios deciden quién canta y quién no canta; no creo que eso vaya a durar toda la vida. Lo que traen es una moda pasajera, y muchas veces, su producto es desechable. Por otra parte quienes cultivamos el cancionero popular hemos ganado algunos espacios, en radio, prensa, televisión y en el mercado del disco, que mejor ejemplo que  Illapu, Congreso, Inti-illimani, Tito Fernández, Quelentaro, Jorge Yáñez, entre otros.
       El merecidísimo Premio Nacional de Arte, 1994, otorgado a nuestra querida maestra Margot Loyola, es una linda señal que indica que vamos ganando terreno. Margot, como siempre, está pidiendo a las autoridades el apoyo que beneficia a todos los cultores del cancionero popular chileno.
 
       -Margot Loyola fue una de tus maestras ¿Qué nos puedes decir de ella?
       -Por algo es la maestra del folclor chileno. Conocedora de todas las regiones, de la música y de las tradiciones que hay de sur a norte, y de la música aborigen. Margot Loyola, además de ser grande en ese aspecto, es humilde y generosa, siempre dispuesta a enseñar y a apoyar las iniciativas que desarrollan el canto folclórico. A mí me ha invitado a compartir escenarios, programas de televisión y aulas universitarias. En su disco compacto "Siempre Margot" (1992), ella interpreta dos temas míos: "Las siete llaves" (tonada) y "Entre tu casa y la mía" (cueca). Ahora que ha recibido el Premio Nacional de Arte, quiero brindarle un gran abrazo y manifestarle que todos mis amigos músicos han sentido la misma felicidad que yo siento, es como si el Premio nos hubiese sido otorgado a todos.
 
       -¿Crees que hay algún interés, de parte del Gobierno, por apoyar la difusión del canto y la poesía popular?
       -Creo que de parte del Gobierno hay interés, lo que falta es encontrar la manera de que ese interés se haga realidad (risas).
 
       -Dentro de tus composiciones musicales también has contemplado la canción para niños. Háblanos de este interés.
       -La canción para niños es la más espontánea, la más limpia, la más sana. Yo creo que todos los payadores tenemos alma de niños; jugamos con las palabras y los niños se conectan con este juego. Yo he compuesto más o menos unas veinte canciones para niños. En el año 1971 trabajaba en un programa de televisión que se llamaba "Canticuentos" y allí tenía que hacer las canciones infantiles. Descubrí que tenía facilidad y que me gustaba ese trabajo. Yo creo que vaya estar haciendo un par de canciones infantiles durante todos los años de mi vida.
 
       -¿Existen una buena cantidad de cultores de la poesía popular y la paya para asegurar su permanencia futura?
       -Yo diría que la permanencia futura de la paya sí está asegurada, no tanto por la cantidad de cultores que hay, sino más bien por la dedicación y la fuerza que tenemos los actuales payadores y poetas populares que siempre estamos inventando actividades para enriquecer nuestro patrimonio poético, aunque vayamos contra la corriente, contra las modas, la discriminación y la indiferencia.
       Si es que somos un grupo de 500 ya no nos para nadie. Esto es eterno y va llegar al año 2.000, al año 3.000 y adonde llegue la humanidad va estar la poesía popular.
 
       -Danos algunos nombres de payadores y poetas populares que destaquen por su calidad y trayectoria.
 
       -Aquí en Chile tenemos a Santos Rubio, Luis Ortúzar ("El Chincholito de Rauco"), está por supuesto Eduardo Peralta, Fernando Yáñez, Alfonso Rubio, Manuel Sánchez, Moisés Chaparro, Francisco Astorga y muchos más.
 
       -¿Qué ha significado para ti el encuentro con Eduardo Peralta, y el hecho de realizar un trabajo en conjunto?
       -Peralta ha hecho un aporte tremendamente fundamental, puesto que el deriva a la paya después de haber sido un trovador urbano con toda esta chispa, sabiduría, preparación e instrucción de la gente que vive en la ciudad, que tiene estudios universitarios e inquietudes por la literatura. Peralta, a la paya le ha dado más ritmo, más agilidad y más sabiduría. Profesionalmente, trabajar con él ha sido un acontecimiento de mucha alegría, de mucha libertad expresiva, de compartir la amistad en escenarios, en los ensayos y en la vida cotidiana. Es como traducir la felicidad de ser amigos al mundo de la poesía y de la música.
 
       -Cuéntanos tu experiencia en escenarios con otros payadores y de la reacción del público.
       -Las primeras veces que estuve con payadores en escenarios, fue en los años 71-72, en Alhué, Santa Cruz, Talagante y también en Santiago. Siempre la respuesta del público fue muy atenta; muy  comunicados. En una actitud de entender y participar con los payadores. Con los primeros payadores que hicimos improvisaciones fueron: Santos Rubio, Hermógenes Escobar y Guillermo Ríos, en ese tiempo. Después fue muy importante hacer una agrupación de payadores, en el año 80, donde estaba Roberto Peralta, Alfonso Rubio, Jorge Benedicto Salinas, Santos Rubio y yo. Éramos seis que hicimos muchas actividades, entre ellas giras por Temuco, Osorno Copiapó, Chillán, San Fernando, Tomé, Melipilla y en el Festival Folklórico de San Bernardo, donde se grabó una caset en vivo, se llamó "Encuentro de Payadores" (1981). Ese grupo, de algún modo, posibilitó que la gente de la ciudad tuviera la ocasión de ver un encuentro de payadores concebido como un recital arriba de un escenario. Posteriormente se incorporó mi hermano Fernando Yáñez, entonces hicimos un trabajo que duró como cuatro años, entre los hermanos Santos y Alfonso Rubio y los hermanos Fernando y Pedro Yáñez. Juntos hicimos una caset que se llamó “4 Payadores Chilenos". Últimamente he estado trabajando con Eduardo Peralta y también haciendo un trabajo de payas internacionales con José Curbelo de Uruguay y Pablo Díaz de Argentina.
       La reacción del público durante el recital de payadores, es un hecho de mucha participación: La gente capta el ritmo de la poesía popular y de ese modo entrega un "pie forzado" o propone elementos o temas, para ser desarrollado en la improvisación. Los aplausos que brinda en público son muy emotivos. Hay gente que ríe con los ojos llenos de lágrimas. He visto una felicidad inmensa se produce cuando el público descubre que los payadores interpretan sus mismos sentimientos con sus mismas palabras.
 
       -¿Qué les dirías a aquellos jóvenes poetas desarrollan su creación a la luz de la llamada “poesía moderna”?
       -Que la desarrollen tanto que lleguen a conocer todas las posibilidades creativas que la palabra tiene, y por supuesto entre ellas está lo que llamarnos tradición oral y lo que es el arte de hablar en poesía... Yo no digo que eso sea mejor que lo moderno, porque no conviene que lo diga (grandes risas).
 
       -¿Cuáles son tus proyectos más inmediatos?
       -Está apareciendo una casete que se llama "El jardinero y la flor" (sello Alerce), en donde hay 10 temas grabados. En este casete también canta mi compañera Cecilia Astorga, y ella, que también sabe payar, participa conmigo en el tema que le da el nombre al caset "El jardinero y la flor", ella es la flor y yo canto corno jardinero. Este casete quiero que se dé a conocer, que se toque en las radios y llevarlo a provincia. Ojalá sea posible que la mayor cantidad de gente lo pueda conocer, porque también es un aporte a nuestro patrimonio.
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Pedro Yáñez, como buen jardinero que va cultivando nuestras raíces, hasta hacerlas florecer sobre estos tiempos de consumismo, nos entrega su valioso aporte para mantener vigente nuestra memoria cultural, que no es otra que el propio espíritu y valioso patrimonio de nuestro pueblo.
      Luchadores del arte, como este incansable artista popular, enaltecen con su talento -y mantienen viva- la creación artística popular, y vigente nuestras tradiciones, aquellas que obviamente nos identifican ante el mundo, como chilenos.
      Si Margot Loyola, se merecía con creces el reconocimiento otorgado a través del Premio Nacional de Arte, lo menos que podemos esperar es que el propio pueblo reconozca a estos artistas, abnegados cultores y difusores del canto y  de la poesía popular.

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Fotografía de Nelson Cáceres Araya

* Publicada en Revista Literaria Rayentru Nº7 - noviembre-diciembre de 1994


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