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  Efraín Barquero
 


EFRAÍN BARQUERO: Poeta telúrico y comunicante de Chile


 
 
Barquero, después de haber dejado su huella poética en México, Cuba, Colombia, donde fue Agregado Cultural de la Embajada de Chile en 1971; Alemania, China y Francia, hace algunos meses retornó a nuestro país, felizmente parece que para quedarse y entregarnos la voz poética de medio siglo, su experiencia creadora y su directa fraternidad.
      A poco tiempo del desaparecimiento del poeta Juvencio Valle (1900-1999), queremos rescatar un artículo de su autoría que mantiene plena vigencia -publicado en el diario Viento Sur (1954)-, en donde se refiere al entonces poeta emergente Efraín Barquero:
      “Efraín Barquero nació para cantar el dolor del pueblo. Su verso surge vivo y húmedo de sinceridad. Podríamos decir que es rojo como una herida abierta. El canta, más que nada, por un supremo arranque de su destino profundo. Su naturaleza está conformada para este canto de ronca protesta social. Y si sobre este torrente natural agregamos su decidida adhesión a su causa, ella viene a ser como una añadidura de su gloriosa poesía.
      Pocos poetas más leales a su tiempo y a su medio. El vive con la oreja tendida a las voces milenarias de la tierra y del hombre. No huye de su universo de origen, ni busca el salpicarse de bruma y lejanía. Su poesía es hija legítima de su medio. En los más despreciados y olvidados elementos él encuentra substancia magnífica para su alta poesía.
    Saludamos en Efraín Barquero a uno de los más poderosos poetas de la nueva promoción”.
      Con sonrisa amable el poeta nos acoge en su departamento de Santiago -en pleno Barrio Chino-, entre baúles de viaje (aún embalados), para compartir un poco de su vida, otro tanto de sus humanas vivencias y, por supuesto, su poesía.
 
-Háblenos de su Generación poética.
-Realmente fue una Generación de cierta importancia en la poesía chilena. Recuerdo esos años, entre el 50 al 70, donde se publicaron casi todos los libros más importantes de esta Generación compuesta por: Miguel Arteche, Alberto Rubio, Rolando Cárdenas, Stella Díaz Varín, Delia Domínguez, Enrique Lihn, Armando Uribe, Jorge Teillier, todos nacidos alrededor del año 30. Ahí se marcó una diferencia con la Generación del año 20, con Pablo Neruda y Pablo de Rokha… En general en nuestra Generación se logró canalizar y aprender lo que los anteriores poetas hicieron por nosotros, pero al mismo tiempo buscar una forma más apretada, una imposición y vigilancia más grande sobre el lenguaje.
 
-¿Que elementos humanos resaltaría de su Generación?
-La convivencia, la ayuda, el compartir el proceso creativo sin egoísmos, de trasvasijar el aprendizaje individual y los descubrimientos literarios, y el mostrarse con cierto pudor.
 
-Ya de vuelta en Chile, ¿que opinión tiene sobre la poesía chilena actual?
-Aún no me pongo bien al día en todos los nombres que ya he conocido. Me han invitado a Concepción, Puerto Montt, Valparaíso, y he encontrado una cantidad increíble de poetas jóvenes. Noto sí, cierta confusión en estas nuevas generaciones, que son muy variadas, pero sí una gran cultura poética universal, sobre todo, el interés de hacer poesía, que no existía casi en nuestros tiempos, pues había grupos menores. He aquí un fenómeno muy especial. Cuando volví a Chile me invitó un grupo de poetas que vienen de disciplinas ajenas a las nuestras, a las de nuestros tiempos. Algunos de altos cursos de ingeniería y de medicina que hacen poesía. Me llamó mucho la atención y les pregunté por qué se dedicaban también a la poesía. Entre algunas palabras que me dijeron yo saco como conclusión que se recurre siempre a la poesía en los momentos de crisis de valores, de crisis de sociedad, de crisis económica y de crisis mundiales. Un poco de cierto caos interior que siente la juventud en cuanto a valores, ideologías, religiones, etcétera.
También echo de menos esa falta de jerarquización con los poetas llamados mayores. Los poetas están trabajando de manera más independiente: cada poeta se siente poseedor absoluto de la poesía. Eso es lo que me llama un poco la atención, porque no se preocupan de su evolución, y que es lo más difícil, sino de haber publicado un solo libro. Aquí hay un gran problema, porque lo más difícil para un poeta es la evolución, los libros que vienen: Ahí va ha estar la prueba de un verdadero poeta y no en su primer libro; en la búsqueda, cómo se va enriqueciendo y cómo se va variando sin cambiar lo esencial.
 
-¿Qué es lo que más le preocupa de nuestra cultura, como país?
-Creo que está en el tapete, de cierta gente intelectual de Chile, el problema de nuestra identidad, porque hoy siento muy avasallador el problema de la aculturación que viene de Estados Unidos y que nos está robando el alma cada día…, se ve irreconocible el país, en cierta manera. Ese es un tema que me interesa mucho, por eso en mis clases en la universidad voy a explicar e interpretar, poética y filosóficamente el Popol Vuh, porque ahí hay elementos de lo que somos nosotros, de nuestras instituciones, de nuestra manera de pensar, con raíces, y que son perfectamente aplicables a la poesía. El problema del telurismo nuestro, que está ahí metido en el Popol Vuh, y que se explica por muchas razones, con mucha riqueza, donde están los grandes temas nuestros; el gran tema de la tierra…, aquí el héroe civilizador viene, con su sacrificio, a fecundar la tierra. Distinto es el caso de Cristo que viene para absolver los pecados… Aquí hay algo esencial y directo que es la fecundación de la tierra. Es increíble la diferencia. Pertenece a dos maneras de pensar y de ser: la nuestra y la occidental, la europea. En lo nuestro tenemos el problema del mestizaje… y eso es algo que tenemos que estudiar…
 
-Usted ha sido diplomático en China, y vivido en el exilio en Cuba, México y en Europa. Especialmente de Francia, donde residió por varios años, ¿qué es lo que le ha influido o servido para aplicarlo a su poesía?
-Yo decía que realmente no he aprendido nada de Francia, porque pertenezco a estas regiones nuestras donde está lo telúrico, lo oscuro, el subconsciente siempre en acción, en erupción, en estas tierras volcánicas. Yo pertenezco a eso, a esta tierra, por grandes raíces campesinas de largas generaciones, o sea soy auténtica y perfectamente chileno… aunque tenga ahora muchos problemas con el Chile actual...
Mi hija, que ha estudiado estos problemas -ella es doctora en lenguas y ha traducido dos de mis libros al francés-, me decía algo que yo no me había dado cuenta, que a través de mi piel se ha filtrado una cierta precisión del lenguaje, que nos falta aquí en Chile, porque hay un excesivo barroquismo y una riqueza muy grande de lenguaje que nos hace usar palabras de más. Ese es el problema. Y el francés no, pues es de una precisión absoluta, y eso, según mi hija, es lo que se me ha metido a través de la piel y se refleja en los últimos tres o cuatro libros que he publicado últimamente, en donde hay una mayor exigencia en el terreno de que cada palabra tiene que estar allí y no en otra parte. Y qué difícil es lograr que la palabra este en el lugar preciso.
 
-¿Cuál ha sido su relación con los poetas franceses?
-He tenido una relación formidable con el máximo poeta francés de este siglo, Saint John Perse. En ese tiempo, en el año 1967, cuando salió El viento de los reinos, a pedido de un amigo mío, el poeta Eduardo Molina -a quien también está dedicado ese libro-, me pidió que por favor se lo enviara a Saint John Perse, por intermedio de Archibald Mc Leish, este gran poeta norteamericano que era director de la biblioteca del congreso, en Washington, donde trabajaba Saint John Perse. Entonces yo le mandé el libro y me olvidé de este hecho. Y cuando yo estaba en Francia supe que él vivía en un lugar muy bello de Aix-e-Provence, -después de su regreso a Francia y de haber recibido el Premio Nobel-, de repente la directora de la Fundación de Saint John Perse, que está en Aix -profesora también de mi hija-, descubrió una carta de este poeta donde habla de mi libro. Y pensar que yo viviendo a unos pasos de él nunca me atreví a visitarlo. Por esa carta, que es importante, descubrimos también que mi libro estaba en la biblioteca privada de Saint John Perse, en la Fundación. Esa carta pronto va a salir publicada en un tomo de cartas póstumas. El libro El viento de los reinos también está dedicado a él y a otros poetas franceses. Esa ha sido una relación bien especial con un poeta francés.
 
-¿Le ha costado reinsertarse en Chile?
-Sí, bastante, pero he encontrado a algunas personas que me han estimulado, entre ellos: Jaime Valdivieso: cuando llegué a Chile me recibió en su casa por más de un mes; Tala Moncada, una amiga de juventud de mi mujer, que también la albergó; Juan Camilo, en la Biblioteca Nacional; Enrique Volpe; los que dirigen la editorial LOM, Pablo y Silvia, que me han apoyado; y Eduardo Peralta, del cual además me llamó mucho la atención el escuchar un poemita mío musicalizado por él. Yo lo he leído de adrede en Puerto Montt y lo he encontrado más pobre después de haberlo escuchado como canción. Me gusta más vestido con las ropas que le puso Eduardo.
 
-Después de su prolongada ausencia de nuestro país ¿cómo ha sido la recepción del público en sus lecturas poéticas, considerando que hay muchos jóvenes que no lo conocen?
-Han sido muy estimulantes, especialmente en Puerto Montt. Yo me consideraba muy ausente, pero no era así. En aquel teatro repleto de jóvenes hubo mucho entusiasmo. Leí mis poemas y después tuvimos un diálogo... Así que fue muy provechoso, porque lo más importante es tomar contacto para conocer lo que se está haciendo aquí y conocer a todos los poetas jóvenes.
 
-Cómo ha sido escribir en otra cultura, en otro continente, frente al mediterráneo, siendo usted un poeta de la tierra chilena, del campo, de lo primigenio de estos lares.
-Es una experiencia bastante misteriosa porque yo realmente me trasladaba en cuerpo y en alma hasta acá. Para mí, el escribir, es un trabajo un poco oscuro... Yo escribo realmente cuando me dicta algo aquí adentro. Lo mío no es un trabajo de horario, sino que un rapto poético, no como una burócrata que se lo pasa sentado. Hay que romper ese tiempo cotidiano para transformarlo en tiempo poético, un poco intemporal si se quiere, y eso es todo un trabajo que viene de lejos y tiene que ver con disciplinas que se aprenden solas, así como el budismo Zen, de poner la mente en blanco, de transportarse uno mismo para poder escribir, para que la palabra surja de lo más profundo, que no haya nada pensado de antemano, que surja en el momento mismo, por eso uno tiene que estar en un total vacío interior, de espera, como un cazador, entonces a veces esa espera se hace bastante larga, puede durar toda la tarde… y no sale ni un conejo (risas). Se necesita hasta astucia para buscar o producir ese momento… sin drogas, desde luego…, mi única droga, por un tiempo, fue la aspirina (risas), y a veces también un pequeño aperitivo de un vaso de vino, pero eso se descartó también porque vi que tampoco resultaba, así que sólo fue la espera simple y directa, no más.
 
-Cuéntenos algo de su estrecha relación con Pablo Neruda.
-Neruda no era un maestro muy explícito, para hablar de teorías poéticas. En ese tiempo leyó mi libro y me ofreció hacer el prólogo. Yo vivía ya con mi mujer y él se puso un tanto recatado y nos hizo casarnos… y fue nuestro padrino de matrimonio… Bueno él ya se había casado como dos o tres veces (risas). No llevó a casarnos e iba mucho más elegante que yo: vestido de blanco, y yo con un pequeño terno provinciano.
 
-¿Qué elemento resaltaría para calificar un buen poema?
-Muy buena esa pregunta. Un poema de ese tipo antes de leerlo ya lo conozco, por su aspecto visual. Hay “algo” antes de leerlo, y después que se produce ese sonido, el poema va a entrar inmediatamente en mí desde la primera línea y va ha tocar fondo, y al poco tiempo, tal vez ese mismo día, se va a sentir una necesidad urgente de volverlo a leer, y también al otro día. Ese sería un texto que encuentra una resonancia muy grande y no hay necesidad ya de analizarlo, pues rápidamente ese poema se ha inscrito en uno.
 
-¿Hay algún bello verso suyo, o de otro poeta chileno, que permanezca flotando siempre, dando vueltas, en la mente?
-Sí, sí: “Recuerdo gestos de criaturas y son gestos de darme el agua”. Ese es un verso de Gabriela Mistral del poema “Beber”, incluido en el libro Tala, poemas que le fascinan a los jóvenes franceses.
En Francia yo leía, especialmente, a la Mistral, Neruda, de Rokha, entre otros poetas de ese tipo, porque ellos resaltan lo más americano.
 
-¿Cuál o cuáles son los temas que rigen su vida y su obra poética?
-Lo más misterioso para mí es el origen, más que la muerte misma. Cómo nace, de que lucha, de dónde proviene esta erupción cuando el hombre llega y se gesta. Hay mucho de eso en el Popol Vuh, porque allí está toda la dramatización del maíz, por medio de personajes, cuando el grano penetra en la tierra y se disuelve y se forma una nueva vida, eso es lo maravilloso que tiene el Popol Vuh para explicarnos el problema de la semilla, o sea que siempre hay un sentido de la resurrección que podemos tomarla de muchos puntos de vista, la resurrección como la toman los católicos, o como la podríamos tomar nosotros, que sería una nueva forma de ver la continuidad nuestra en el mundo. Estos planteamientos que vienen de lo misterioso, de las extrañas de la tierra, que nos forma, que nos modela y que nos da un lugar, incluso continuidad nos asegura, pero ya no es en la forma religiosa…
 
-¿A muchos poetas se le ha formulado la pregunta: ¿Por qué escribe usted?… ¿Por qué escribe usted?
-Yo realmente escribo para vivir, en primer lugar; para conocerme más y para descubrir las relaciones que existen en uno con los demás, por eso escribo. Tengo un sentido muy profundo de la familia a través de mi propia poesía, que no la habría tenido si no hubiera escrito sobre esos mismos temas, como el niño que nace, o el padre que muere, o la compañera… o sea las relaciones, los gestos cotidianos, es decir los vínculos humanos que se van profundizando a través de la poesía.
 
-¿De qué manera cree que se podría propiciar un acercamiento de los estudiantes a la poesía?
-Una buena manera sería que los poetas se acercaran a las aulas y conversaran con los estudiantes. El sonido de la voz de los poetas tiene “algo” especial. Y, si espontáneamente nace, se les pueden leer algunos poemas. Creo que lo más importante es el acercamiento directo de los poetas hacia los estudiantes, y eso es una buena forma que podría despertar en ellos un interés por leerlos.
 
-¿Cuáles son sus proyectos editoriales más inmediatos?
-Me he comprometido con la editorial LOM, casi absolutamente, porque les tomé mucha simpatía. He tenido algunas propuestas de otras editoriales, pero me quedo con ellos, con la juventud y el entusiasmo que tienen y porque me abre la perspectiva de un nuevo campo editorial, ya no es el campo editorial tradicional sino que hay algo de cierta manera revolucionario en ese terreno, y un trato familiar muy estimulante. Ellos se hicieron cargo de todos mis libros, que son diecisiete, de los cuales muchos ya están agotados y los van a reeditar. Para marzo o abril ya está acordada una antología, con selección y prólogo a cargo de Naín Nómez. Este año también se editará El primer poema, libro que estaba inédito.
 
Al terminar esta entrevista, ratificamos nuestro convencimiento que es en la conversación donde se revelan mundos interiores y lugares que nos comunican humana y comparativamente. Efraín Barquero, en su mesurada postura ante la vida, no ajeno a experiencias difíciles, recala en Chile, en este fin de siglo, con una actitud de lucha por los principios fundamentales del hombre y su esencia. Su presencia de poeta telúrico y mayor, que se avala en sus textos de cuidado lenguaje, guarda estrecha consecuencia con la bondadosa condición que habita en él, y que nos aparta del fuego fatuo.
 

EFRAÍN BARQUERO (Sergio de la Cruz Barahona Jofré), Generación del 57, nacido en Piedra Blanca (Provincia de Curicó), en 1931. Premio Municipal de Poesía y Atenea.
       Entre su extensa producción literaria encontramos los siguientes libros: La piedra del pueblo (1954, con prólogo de Pablo Neruda); La compañera (1956); Enjambre (1959, Premio Gabriela Mistral); Maula (1962); El pan del hombre (1960); El regreso (1961); Poemas infantiles (1965); El viento de los reinos (1967, Premio Pedro de Oña, 1968); Epifanías (1970); Arte de vida (biografía, 1971); La mesa en la tierra (1991); El viejo y el niño; Mujeres de oscuro (1992, Premio de la Academia Chilena de la Lengua); El poema negro de Chile; Bandos de la Junta Militar Chilena; A deshora (1992), entre otros.

* Entrevista publicada en Revista Rayentru Nº14 - marzo de 1999
* Ir a: Poemas de Efraín Barquero

 
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